Citas célebres.
- Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior (Frida Kalho)
- Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite(Dr. jeckill)
miércoles, 3 de noviembre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
LA POSIBILIDAD DE CAMBIAR
Nada hay más poderoso
que una idea a la que
ha llegado su momento.
Víctor Hugo El estado sentimental
Como ha señalado José Antonio Marina, nuestra relación con todo lo que nos rodea es siempre afectiva. Nuestros sentimientos nunca logran permanecer totalmente neutrales. Tenemos siempre un estado de ánimo, una disposición afectiva. Nos encontramos de modo permanente en la encrucijada de muchos caminos mentales, en un auténtico laberinto donde se entrecruzan ideas, sentimientos, deseos y acciones. Todo influye sobre todo, en una enredada red de causas en la que es fácil perderse, y hace que tantas veces los problemas de los sentimientos parezcan círculos sin salida.
Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también después de actuar, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia. Son como un reducto de nosotros mismos que no siempre controlamos ni conocemos con claridad, pero que acompaña todo nuestro vivir y nuestro actuar.
Cualquier situación vital va unida en todo momento a un estado sentimental, que es como el resultado global de nuestra percepción de cómo estamos. El estado sentimental es como un breve resumen de una situación compleja que producen muchos factores; como un balance que hacemos de modo continuo, pues en cada momento se aportan datos nuevos, partidas nuevas para esa contabilidad afectiva que continuamente estamos consultando.
—Lo curioso es que esa contabilidad en muchas personas pasa de estar boyante a estar en la ruina, o viceversa, en muy poco tiempo. ¿No es sorprendente?
Sí lo es. Todos tenemos experiencia de cómo nuestros sentimientos pueden cambiar con gran rapidez. En unos minutos podemos pasar de la incertidumbre a la calma, o de la calma a la sorpresa, de la sorpresa a la furia, de la furia al arrepentimiento, o del arrepentimiento al afán de hacernos perdonar.
—Esa variabilidad depende mucho de las personas, me parece.
Hay personas que son por naturaleza más lábiles o sensibles, y sus estados sentimentales se alteran con un pequeño soplo. Otras, en cambio, no se conmueven ni con un vendaval.
Además, en el mundo afectivo, como en el de la salud, un pequeño dolor, aunque sea muy localizado, puede influir mucho en el conjunto del estado sentimental. Igual que, por ejemplo, un dolor de muelas no afecta sólo a las muelas, sino que hace a toda la persona encontrarse molesta y dolorida, hay factores emocionales que parecen pequeños, y quizá lo son, pero notamos que nos afectan mucho. Por eso, educar esas reacciones afectivas es importante para poder llevar realmente las riendas de nuestra vida:
Podemos educar
libre e inteligentemente
nuestros sentimientos.
que una idea a la que
ha llegado su momento.
Víctor Hugo El estado sentimental
Como ha señalado José Antonio Marina, nuestra relación con todo lo que nos rodea es siempre afectiva. Nuestros sentimientos nunca logran permanecer totalmente neutrales. Tenemos siempre un estado de ánimo, una disposición afectiva. Nos encontramos de modo permanente en la encrucijada de muchos caminos mentales, en un auténtico laberinto donde se entrecruzan ideas, sentimientos, deseos y acciones. Todo influye sobre todo, en una enredada red de causas en la que es fácil perderse, y hace que tantas veces los problemas de los sentimientos parezcan círculos sin salida.
Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también después de actuar, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia. Son como un reducto de nosotros mismos que no siempre controlamos ni conocemos con claridad, pero que acompaña todo nuestro vivir y nuestro actuar.
Cualquier situación vital va unida en todo momento a un estado sentimental, que es como el resultado global de nuestra percepción de cómo estamos. El estado sentimental es como un breve resumen de una situación compleja que producen muchos factores; como un balance que hacemos de modo continuo, pues en cada momento se aportan datos nuevos, partidas nuevas para esa contabilidad afectiva que continuamente estamos consultando.
—Lo curioso es que esa contabilidad en muchas personas pasa de estar boyante a estar en la ruina, o viceversa, en muy poco tiempo. ¿No es sorprendente?
Sí lo es. Todos tenemos experiencia de cómo nuestros sentimientos pueden cambiar con gran rapidez. En unos minutos podemos pasar de la incertidumbre a la calma, o de la calma a la sorpresa, de la sorpresa a la furia, de la furia al arrepentimiento, o del arrepentimiento al afán de hacernos perdonar.
—Esa variabilidad depende mucho de las personas, me parece.
Hay personas que son por naturaleza más lábiles o sensibles, y sus estados sentimentales se alteran con un pequeño soplo. Otras, en cambio, no se conmueven ni con un vendaval.
Además, en el mundo afectivo, como en el de la salud, un pequeño dolor, aunque sea muy localizado, puede influir mucho en el conjunto del estado sentimental. Igual que, por ejemplo, un dolor de muelas no afecta sólo a las muelas, sino que hace a toda la persona encontrarse molesta y dolorida, hay factores emocionales que parecen pequeños, y quizá lo son, pero notamos que nos afectan mucho. Por eso, educar esas reacciones afectivas es importante para poder llevar realmente las riendas de nuestra vida:
Podemos educar
libre e inteligentemente
nuestros sentimientos.
lunes, 18 de octubre de 2010
LA MÚSICA EN EL CINE
La Música: elemento indispensable en el cine
Por Ileana González
Desde los tiempos del cine silente (cuando un pianista, a oscuras, matizaba con mayor o menor intensidad lo que ocurría en la pantalla) la música se ha incorporado a la cinematografía como un personaje más.
Componer específicamente una partitura para cine, a fin de crear sentimientos y acentuar atmósferas, es siempre una labor que exige sensibilidad y talento. Acoplar la música a las imágenes requiere una capacidad muy especial por parte del creador para interiorizar las emociones que el realizador pretende provocar en determinados momentos del argumento cinematográfico.
La banda sonora de un filme tiene que reforzar, con sus efectos, las intenciones de cada secuencia, sea con orquestaciones con ritmos diferentes o incluso con el recurso de los silencios. Esa es la clave para que la simbiosis sea eficaz.
Un realizador puede recurrir a música no concebida originalmente para una obra cinematográfica, o solicitarla por encargo. En este último caso el compositor ha de trabajar en estrecha comunión con el director, para explorar en cada momento del guión y hallar así la fórmula que permita conjugar armoniosamente las imágenes con la música.
En Cuba hay una serie de compositores que se han vinculado al cine, sea al de ficción o al documental. Son músicos valiosos y versátiles, intuitivos y sensibles, capaces de conseguir una especialización en ese ámbito. Sobre ellos recae la responsabilidad de que la relación cine-música fluya sin tropiezos, las imágenes sean más convincentes y se refuerce la ilusión de realidad planteada por el argumento.
La música es un ingrediente indispensable en el cine, y los Festivales de La Habana han dedicado buena parte de su programación en estos 20 años, a destacar cuánto aportan al séptimo arte tantas partituras o intérpretes inolvidables. Por apenas citar dos casos recordemos cómo hace 6 años, la Orquesta Sinfónica Nacional, conducida entonces por Zenaida Castro Romeu, ejecutó temas compuestos por José María Vitier para la película El siglo de las Luces, de Humberto Solás, deslumbrantes por su gran peso dramático y porque se advertían en ellos rasgos de la época descrita, sin soslayar los timbres caribeños.
En este vigésimo Festival (1998) también la Orquesta Sinfónica Nacional ha tenido un peso importante, al ejecutar obras emblemáticas compuestas para el cine.
Cuando se hable de un trabajo de composición de música para cine, el nombre del maestro Leo Brouwer resulta insoslayable. En la ceremonia de inauguración de este Festival de Cine Latinoamericano volvieron a escucharse sus composiciones para los filmes Lucía, Cecilia, Un día de noviembre, No hay sábado sin Sol y el documental Lam. Indudablemente, son trabajos que demuestran una experiencia singular para comunicar y sugerir ideas y sentimientos, mediante sonoridades que trasmiten esencias de momentos históricos diversos.
Con su sólida formación el maestro Leo Brouwer, fundador de la Escuela Cubana de Guitarra, ha enriquecido muchas obras del cine cubano.También otros compositores lo han hecho, como los hermanos Vitier, Carlos Fariñas, Juan Formell y Edesio Alejandro, por citar algunos.
Por Ileana González
Desde los tiempos del cine silente (cuando un pianista, a oscuras, matizaba con mayor o menor intensidad lo que ocurría en la pantalla) la música se ha incorporado a la cinematografía como un personaje más.
Componer específicamente una partitura para cine, a fin de crear sentimientos y acentuar atmósferas, es siempre una labor que exige sensibilidad y talento. Acoplar la música a las imágenes requiere una capacidad muy especial por parte del creador para interiorizar las emociones que el realizador pretende provocar en determinados momentos del argumento cinematográfico.
La banda sonora de un filme tiene que reforzar, con sus efectos, las intenciones de cada secuencia, sea con orquestaciones con ritmos diferentes o incluso con el recurso de los silencios. Esa es la clave para que la simbiosis sea eficaz.
Un realizador puede recurrir a música no concebida originalmente para una obra cinematográfica, o solicitarla por encargo. En este último caso el compositor ha de trabajar en estrecha comunión con el director, para explorar en cada momento del guión y hallar así la fórmula que permita conjugar armoniosamente las imágenes con la música.
En Cuba hay una serie de compositores que se han vinculado al cine, sea al de ficción o al documental. Son músicos valiosos y versátiles, intuitivos y sensibles, capaces de conseguir una especialización en ese ámbito. Sobre ellos recae la responsabilidad de que la relación cine-música fluya sin tropiezos, las imágenes sean más convincentes y se refuerce la ilusión de realidad planteada por el argumento.
La música es un ingrediente indispensable en el cine, y los Festivales de La Habana han dedicado buena parte de su programación en estos 20 años, a destacar cuánto aportan al séptimo arte tantas partituras o intérpretes inolvidables. Por apenas citar dos casos recordemos cómo hace 6 años, la Orquesta Sinfónica Nacional, conducida entonces por Zenaida Castro Romeu, ejecutó temas compuestos por José María Vitier para la película El siglo de las Luces, de Humberto Solás, deslumbrantes por su gran peso dramático y porque se advertían en ellos rasgos de la época descrita, sin soslayar los timbres caribeños.
En este vigésimo Festival (1998) también la Orquesta Sinfónica Nacional ha tenido un peso importante, al ejecutar obras emblemáticas compuestas para el cine.
Cuando se hable de un trabajo de composición de música para cine, el nombre del maestro Leo Brouwer resulta insoslayable. En la ceremonia de inauguración de este Festival de Cine Latinoamericano volvieron a escucharse sus composiciones para los filmes Lucía, Cecilia, Un día de noviembre, No hay sábado sin Sol y el documental Lam. Indudablemente, son trabajos que demuestran una experiencia singular para comunicar y sugerir ideas y sentimientos, mediante sonoridades que trasmiten esencias de momentos históricos diversos.
Con su sólida formación el maestro Leo Brouwer, fundador de la Escuela Cubana de Guitarra, ha enriquecido muchas obras del cine cubano.También otros compositores lo han hecho, como los hermanos Vitier, Carlos Fariñas, Juan Formell y Edesio Alejandro, por citar algunos.
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